No tengo ganas de tener relaciones con mi pareja: qué está pasando (y qué no te está pasando)

"Le quiero. Pero cuando se acerca por la noche, me doy media vuelta".

Me lo contó una mujer que llevaba meses dándole vueltas a lo mismo. No había discusiones. No había otra persona. Había cansancio y una culpa que le pesaba más que el propio asunto.

Y una pregunta que no se atrevía a decir en voz alta: ¿me pasa algo?

¿Es normal no tener ganas?

Que las ganas suban y bajen es lo esperable: cambia con los ciclos y etapas de la vida, con la salud, con el ánimo y con la propia relación. Hay temporadas de mucho interés y temporadas de nada.

Lo que sí conviene mirar es otra cosa. Si esa falta de ganas te hace sufrir. La sexología pone ahí la frontera y me parece una frontera sabia: si llevas meses sin que te apetezca y estás tranquila, no hay nada que arreglar. Si llevas meses sin que te apetezca y eso te genera malestar, culpa o distancia con tu pareja, entonces merece la pena mirarlo.

Fíjate en el matiz, porque no es menor. El problema no es el número de encuentros al mes. Es el malestar.

Por qué últimamente no tengo ganas: lo que suele haber debajo

Casi nunca hay una sola causa. Suele haber un apilamiento.

El cansancio, que es el gran enemigo silencioso del deseo. No el de un día malo: el de dormir poco durante días, semanas incluso años, con trabajo, casa, criaturas o otras personas a las que cuidar. Un cuerpo agotado prioriza sobrevivir, y el deseo no está en esa lista.

Algunos medicamentos también pueden bajar la motivación, entre ellos ciertos antidepresivos y algunos anticonceptivos hormonales. Si el desinterés apareció unas semanas después de empezar un tratamiento nuevo, coméntalo con quien te lo pautó.

El deseo es mal compañero de la sensación de deber.

El deseo que no llega antes, sino después

Nos han contado que esto funciona así: primero te apetece, luego te acercas, luego ocurre el encuentro.

Pero para muchas mujeres, y también para muchos hombres, a menudo el orden se invierte.

Primero hay un contacto: una caricia, un rato de piel, algo que resulta agradable sin más pretensión. El cuerpo responde. Y entonces aparecen las ganas. La diferencia está en que necesita un contexto, tiempo, calma y la sensación de que nadie te está pidiendo cuentas.

¿Ves dónde está la trampa? Si esperas a tener ganas para acercarte, y tus ganas aparecen después de acercarte, puedes pasarte años esperando una señal que no va a llegar sola.

Por qué perseguir el deseo no suele funcionar

Cuando una pareja se da cuenta de que ya no hay ganas, casi siempre hace lo mismo: proponerse recuperarlas. Marcar días en el calendario. Comprar cosas. Ponerse deberes. Convertir el sexo en un objetivo con fecha de entrega.

Y suele ocurrir lo contrario de lo buscado: las ganas, cuanto más se persiguen, menos aparecen.

Porque perseguirlo lo convierte en una tarea. Y pocas cosas apagan tanto el deseo como la obligación de tenerlo.

Lo que sí mueve algo es cambiar la pregunta. En lugar de "¿cómo recupero el deseo?", probar con otras: ¿qué me apetece? ¿Qué favorece mis ganas de jugar? El foco se va del rendimiento al encuentro. Y ahí sí hay margen para moverse.

"Mi pareja y yo ya no tenemos relaciones": la diferencia que duele

Casi nunca la consulta es "no tengo deseo". Casi siempre es "no tengo el mismo deseo que la otra persona".

Este es uno de los motivos más frecuentes por los que una pareja pide ayuda. Y conviene decirlo claro: en una discrepancia no hay alguien con el deseo estropeado y alguien con el deseo correcto. Hay dos ritmos distintos.

Lo que más daño hace no es la diferencia. Es el significado que cada una le pone. Una interpreta que ya no resulta deseable. La otra interpreta que ya no la quieren.

Pero te diré una cosa, nadie es universalmente deseable. Resultamos deseables para alguien concreto, en un momento concreto. Que hoy no haya ganas de esto no es un veredicto sobre si apetece o no el otro.

Cuándo consultar

Si la falta de deseo te genera malestar, culpa o distancia con tu pareja.

Si notas dolor, sequedad o escozor con la penetración.

Si el cambio fue brusco y viene acompañado de cansancio importante o tristeza que no se va.

Si empezó unas semanas después de comenzar una medicación nueva.

Si llevas tiempo pensando que el problema eres tú.

No hay un deseo correcto

Cuando alguien me cuenta que no tiene ganas, la pregunta que menos me interesa es cuántas veces al mes. Me interesa esta otra: ¿qué te gustaría que pasara?

Porque a veces la respuesta es "quiero volver a disfrutar". Y otras veces, cuando por fin se dice en voz alta, la respuesta es "quiero dejar de sentirme culpable por no querer". Son caminos distintos y los dos son legítimos.

Y una cosa más, amiga. Alguna te dirá aquello de "échate un novio nuevo, ya verás cómo vuelven". Pero esa frase pocas veces ayuda y menos veces es cierta.

Si te has reconocido en estas líneas y llevas tiempo dándole vueltas a solas, puedo escucharte y acompañarte a entender qué está pasando y qué encaja contigo. Puedes reservar una consulta de sexología presencial en Donostia u online, sola o con tu pareja.

Y si todavía no es el momento de dar ese paso, te propongo algo más pequeño. Cada semana escribo con mimo un breve mensaje sobre el deseo, el cuerpo, la menopausia y todo lo que a las mujeres nos han enseñado a callar. Lo meto en una botella y la lanzo al mar para que llegue a tu orilla los jueves a las 14:45h. Se lee en 3 minutos y se responde si te apetece. Puedes asomarte a las cartas aquí.