
Dolor al tener relaciones en la menopausia: por qué ocurre y qué puedes hacer
En consulta lo escucho con palabras distintas y casi siempre la misma cara.
"Ahí no me entra nada".
"Tras mucho tiempo y lubricante, entra, pero duele mucho durante y después".
Son mujeres que antes han tenido encuentros sin dolor. Y de pronto, con la menopausia, su cuerpo parece haber cambiado las reglas del juego sin avisar.
Si has llegado hasta aquí buscando por qué desde la menopausia te incomoda o duele la penetración vaginal, empiezo diciéndote que: no exageras. Lo que te pasa tiene nombre y explicación. Y (esta es la parte importante) tiene opciones de mejora.
Te lo cuento con calma.
¿Es normal que duela? Es frecuente, sí, pero no tienes por qué resignarte
Hay una confusión que hace mucho daño: pensar que si algo les pasa a muchas mujeres, hay que aguantarse.
Frecuente y normal no son lo mismo.
El dolor con las relaciones tras la menopausia es frecuentísimo: más del 70% de nosotras experimentará molestias de este tipo en algún momento tras la menopausia. Pero que sea la norma estadística no significa que tu única salida sea apretar los dientes.
Y aquí viene lo que más me preocupa de esas cifras: la mayoría de mujeres nunca lo consulta. Por pudor. Porque "son cosas de la edad". O porque una amiga (incluso alguna profesional torpe) les dijo aquello de "eso es que no te relajas".
Mientras tanto, dejan de viajar en pareja. Evitan los acercamientos por miedo a que terminen en penetración. Se van distanciando de quien quieren.
No es grave. Pero puede llegar a afectarte mucho en el día a día y alejarte de la vida que te gustaba.
Qué está pasando en tu cuerpo (y por qué justo ahora)
Vamos a la explicación, porque entender lo que ocurre ya alivia un poco.
Con la menopausia, tus ovarios reducen muchísimo la producción de estrógenos, las hormonas que (entre otras cosas) mantenían jugosos los tejidos de tu vulva y tu vagina.
Cuando los estrógenos bajan, esos tejidos cambian:
La mucosa se vuelve más fina y delicada, como la piel de los labios cuando se agrieta en invierno.
La lubricación tarda más en llegar y llega en menos cantidad.
La elasticidad disminuye: donde antes había un tejido que se adaptaba, ahora hay uno que tira.
Y la entrada de la vagina puede estrecharse si pasa mucho tiempo sin actividad.
A este conjunto de cambios antes lo llamábamos atrofia vaginal. Una palabra que asusta y que a mí no me gusta. Ahora preferimos hablar de síndrome genitourinario de la menopausia, porque no afecta solo a la vagina: también explica el picor, la sequedad, el escozor al orinar o las ganas frecuentes de hacer pis que quizá has notado.
El nombre es lo de menos. Lo importante es que no es un fallo tuyo: es fisiología. Y la fisiología, cuando se entiende, se puede acompañar.
El círculo que convierte una molestia en un muro
Pero el tejido no lo explica todo. Porque el dolor, cuando se repite, hace algo muy suyo: se organiza.
Funciona así:
Un día duele. Al siguiente encuentro, tu cuerpo lo recuerda (aunque tú no quieras recordarlo) y se pone en guardia. La musculatura del suelo pélvico (los músculos que rodean la entrada de la vagina) se tensa para protegerte.
Y un músculo tenso hace que la penetración moleste más.
Más dolor, más miedo. Más miedo, más tensión. Más tensión, más dolor.
A ese círculo se le suma otro: cuando los encuentros terminan en dolor, las ganas disminuyen. No porque ya no quieras a tu pareja, sino porque tu cuerpo ha aprendido que eso que antes era gustoso ahora tiene un coste.
¿Te suena la frase "es que ya no tengo ganas ni de que me abrace, por si acaso"?
Por eso tratar el tejido sin mirar el miedo (o el miedo sin mirar el tejido) suele quedarse corto.
Qué puedes hacer: las opciones que sí funcionan
Te adelanto que no hay una pastilla mágica única, pero sí varias herramientas que, combinadas según tu caso, cambian mucho las cosas.
Hidratante vaginal, que no es lo mismo que lubricante. El lubricante se usa en el momento del encuentro para reducir la fricción. El hidratante se usa varias veces por semana, haya o no relaciones, para mejorar el estado del tejido. Como la crema de manos: no te la pones solo cuando vas a saludar a alguien.
Estrógenos locales. Son óvulos, cremas o anillos que se aplican en la vagina y actúan ahí, con una absorción al resto del cuerpo mínima. No son la terapia hormonal de los titulares: es tratamiento local, a dosis muy bajas, y es de lo más eficaz que tenemos para recuperar el tejido. Necesita receta y una valoración individual antes de comenzar a utilizarla. Pero para la mayoría de mujeres es una opción segura. Existen también otras alternativas (como la prasterona o el ospemifeno) que valoramos según cada historia.
Fisioterapia de suelo pélvico. Si la musculatura ha aprendido a defenderse, podemos enseñarle que ya no hace falta.
Repensar el guion. Dar con la manera de encontrarte con tu pareja en la intimidad en que esto no interfiera.
Cuándo consultar sin esperar
Si sangras con las relaciones o fuera de ellas (después de la menopausia, todo sangrado merece una revisión).
Si el dolor persiste a pesar de usar lubricante e hidratante.
Si notas picor o escozor persistente, o cambios en la piel de la vulva que no se van.
Si el dolor es moderado, nuevo o va a más.
Ninguna de estas señales significa necesariamente nada malo. Pero todas merecen una mirada profesional con tiempo y con calma.
No se trata de volver a ser la de antes
Hay una idea que repito mucho en consulta: el cuerpo ha cambiado (porque la vida es cambio) pero sigue teniendo posibilidad de sensar, tener experiencias gustosas y de jugar cómplicemente con la pareja.
Si te has reconocido en estas líneas y llevas tiempo posponiendo el momento de contarlo, puedo escucharte y acompañarte a entender qué está pasando en tu cuerpo y qué opciones encajan contigo. Puedes reservar una consulta de ginecología presencial en Donostia u online.
Y si todavía no es el momento, te propongo algo más pequeño: he preparado una guía sobre la menopausia para ayudarte a entender esta etapa con otra mirada. Al descargarla recibirás también mis cartas de los jueves. Cada semana escribo con mimo un breve mensaje sobre el dolor, el deseo, la menopausia y las relaciones. Lo meto en una botella y la lanzo al mar para que llegue a tu orilla a las 14:45h. Se lee en 3 minutos y se responde si te apetece.
Porque de esto, amiga, se puede (y se merece) hablar.
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