Sequedad vulvovaginal y picor en la menopausia: el síndrome del que nadie te habló


"Pensaba que era una infección. Llevo tres cremas antihongos este año y sigo igual".

Me lo contó una mujer de 54 años, con la vergüenza de quien cree que va a molestar. Picor por las noches. Escozor al secarse después de la ducha. Unos vaqueros que ya no puede ponerse. Y la sensación de estar quejándose por una tontería.

No era una tontería. Y no eran hongos.

Si has llegado hasta aquí buscando por qué de repente tienes sequedad o picor ahí abajo, te cuento que esa zona de tu cuerpo también nota la bajada de estrógenos de la menopausia. La piel y las mucosas se vuelven más finas, más secas y más frágiles. Y eso puede picar, escocer y molestar.

Tiene nombre. Y, lo mejor, tiene tratamiento.

¿Es normal tener sequedad en los genitales externos?

Frecuente, muchísimo. Normal, en el sentido de "algo con lo que hay que apechugar", no.

Más del 70% de nosotras notaremos alguno de estos síntomas en la menopausia o en los años posteriores. Sequedad, picor, escozor, molestias al tener relaciones, ganas de orinar más a menudo, cistitis que van y vienen. Todo eso junto tiene un nombre: síndrome genitourinario de la menopausia.

Antes lo llamábamos atrofia vaginal. Una palabra que asusta bastante, porque suena a que algo se ha estropeado sin remedio. Atrofia significa, simplemente, que el tejido cambia de grosor y de calidad. No que te hayas roto.

El nombre es lo de menos. Lo importante es lo otro: que no se ve, que no es grave, que no pone en peligro tu vida… pero que puede ir alejándote poco a poco de la vida que te gustaba. De la ropa que te ponías. De la bici. Del sexo. De salir con amigas.

Y eso quizá es más grave.

Por qué me pasa ahora, si antes no me pasaba

Los estrógenos son las hormonas que mantienen la vulva y la vagina jugosas, elásticas y bien irrigadas. Durante la perimenopausia (los años en los que los ciclos menstruales empiezan a hacer de las suyas antes de irse del todo) esos estrógenos van bajando. Y baja también su acción en esa zona.

Con menos estrógeno, el tejido se adelgaza. Se puede lubricar menos y más despacio. Cambia el pH y con él las bacterias interesantes que viven ahí, las lactobacilos, que son las guardianas de la casa. La piel de la vulva se vuelve más sensible a todo: al roce, al jabón, a la compresa, al agua caliente.

Por eso pica. Por eso escuece. Por eso una braga con costura que llevas años poniéndote de repente te molesta.

Hay algo más que conviene saber, aunque no sea la noticia más agradable: los sofocos suelen mejorar con los años, pero esto no. Si no se trata, tiende a ir a más, aunque despacito.

Picor en la zona íntima que vuelve una y otra vez: no siempre son hongos

El picor íntimo se traduce casi automáticamente por "candidiasis". Farmacia, óvulo, crema. A veces alivia unos días. Y vuelve.

Pero después de la menopausia, las infecciones por hongos son bastante menos frecuentes que antes, precisamente porque el ambiente de la vagina ha cambiado. Cuando el picor es constante, seco, sin apenas flujo, sin ese flujo blanco espeso típico, muchas veces no hay ningún hongo al que combatir. Hay una mucosa fina que pide otra cosa.

Y hay un tercer escenario que quiero nombrar, porque se diagnostica tarde con demasiada frecuencia: si además del picor notas cambios en la piel de la vulva (zonas blanquecinas, brillantes, pequeñas grietas, la piel más rígida), eso merece que una profesional lo mire de cerca. Puede tratarse de un liquen, una alteración de la piel de esa zona que tiene su propio tratamiento y que no mejora con antihongos.

Un picor que no se va no es un capricho de tu cuerpo. Es una pregunta que todavía no ha encontrado respuesta.

Escozor al orinar sin infección: la parte que nadie relaciona

Aquí está el "genitourinario" del nombre, y es la pieza que casi nunca se conecta.

La uretra y la vejiga están hechas de similar tejido que la vagina y también notan la falta de estrógenos. Por eso muchas mujeres empiezan a tener, en esta etapa, escozor al orinar, necesidad de ir corriendo al baño, escapes, cistitis de repetición.

Y muchas hacen el mismo recorrido: urocultivo, antibiótico, alivio corto, vuelta a empezar. Cuando el análisis sale limpio una y otra vez, la respuesta no está en otro antibiótico.

¿Te suena? Si llevas un par de años entrando y saliendo de ese bucle, no eres una mujer con mala suerte. Probablemente nadie ha juntado todavía tus síntomas urinarios con los vulvovaginales.

Hidratante, lubricante y algo más: cómo se trata esto

Buenas noticias: hay bastante que hacer, y ordenado tiene sentido.

El lubricante se puede usar en el momento, para el roce en la vulva y la penetración vaginal. Reduce la fricción. Es una ayuda, no un tratamiento.

El hidratante vaginal se usa de forma pautada y continuada, tengas o no relaciones, como quien se pone crema en las manos agrietadas todo el invierno. Mejora la mucosa poco a poco.

Y luego están las hormonas locales, principalmente el estrógeno: dosis muy pequeñas aplicadas directamente en la zona, que dan grosor y elasticidad al tejido. Es el tratamiento con más respaldo para este cuadro y no funciona como las hormonas de toda la vida, porque apenas pasa a la sangre. Requiere receta y una valoración de tu caso. Existen además otras opciones para quien no puede o no quiere usar hormonas.

Con estas tres cosas puedes empezar hoy: lava la vulva, idealmente, solo con agua (o con un jabón suave y sin perfume), olvídate de duchas vaginales y desodorantes íntimos (esa zona se limpia sola), y evita la ropa muy ajustada, los salvaslips y las compresas.

¿El síndrome genitourinario se cura?

Se controla muy bien. Los síntomas pueden desaparecer casi por completo con el tratamiento adecuado.

Pero la causa (que tus ovarios ya no fabrican estrógenos como antes) no se revierte. Por eso el tratamiento suele ser de mantenimiento: si se abandona, los síntomas tienden a volver en unos meses.

Cuándo pedir cita sin seguir esperando

  • Si el picor o el escozor llevan más de unas semanas y no ceden.

  • Si has usado ya varios tratamientos antihongos sin resultado claro.

  • Si notas cambios en la piel de la vulva: manchas blancas, grietas, la piel más fina o más tirante.

  • Si hay sangrado, aunque sea una mancha mínima, después de la menopausia. Esto siempre conviene estudiarlo.

  • Si tienes cistitis de repetición o molestias al orinar con análisis normales.

  • Si duele al tener penetración.

Tu cuerpo no se ha estropeado

Tu cuerpo está haciendo lo que tenía previsto hacer. Cambiar. Como cambió en la adolescencia y como cambió, si fue tu caso, con cada embarazo. Lo que ocurre es que a esta transformación nadie nos la contó, ni nos dijo que también pedía cuidados y ajustes nuevos.

Si te has reconocido en estas líneas y llevas meses probando cremas sin que nadie te haya explicado qué está pasando, puedo escucharte y acompañarte a entenderlo y a encontrar lo que encaja contigo. Puedes reservar una consulta de ginecología presencial en Donostia u online.

Y si todavía no es el momento de dar ese paso, te propongo algo más pequeño: he preparado una guía sobre la menopausia para ayudarte a entender esta etapa con otra mirada. Al descargarla recibirás también mis cartas de los jueves. Cada semana escribo con mimo un breve mensaje sobre el cuerpo, el deseo, la menopausia y todo lo que a las mujeres nos han enseñado a callar. Lo meto en una botella y la lanzo al mar para que llegue a tu orilla a las 14:45h. Se lee en 3 minutos y se responde si te apetece.