Pérdidas de orina después del parto o con los años: frecuentes sí, normales no

“Ya no salto en la cama elástica con mis hijos. Y cuando me río, cruzo las piernas”.

Llevaba años con un salvaslip todos los días. Nadie se lo había preguntado. Y ella no lo había contado.

¿Es normal tener pérdidas de orina?

Es frecuente. Mucho: alrededor de 1 de cada 3 mujeres tendrá pérdidas de orina en algún momento de su vida.

Pero frecuente no es lo mismo que normal. Que nos pase a muchas no significa que haya que aceptarlo como el precio de haber parido o de cumplir años. Las pérdidas de orina tienen causa, se pueden estudiar y, en la mayoría de los casos, mejorar mucho.

Es incontinencia urinaria y unas gotas al estornudar también cuentan.

Y lo que más me preocupa no es el escape. Es todo lo que va recortando sin hacer ruido: siempre llevas salvaslip, dejas de correr, eliges el pantalón oscuro, calculas dónde está el baño antes de salir de casa...

No todas las pérdidas son iguales

Hay dos formas principales, y distinguirlas cambia el tratamiento.

La incontinencia de esfuerzo es la que aparece cuando aumenta la presión dentro del abdomen: al toser, al estornudar, al reír, al saltar, al levantar peso. Suele deberse a que el suelo pélvico (el conjunto de músculos y tejidos que sostiene la vejiga, el útero, el recto y otras vísceras abdominopélvicas, como una hamaca) no cierra la uretra con suficiente firmeza en ese instante.

La incontinencia de urgencia empieza con unas ganas de orinar repentinas, intensas, imposibles de aplazar. Y no siempre llegas a tiempo. Se asocia a una vejiga hiperactiva, que se contrae cuando no le toca. A veces la dispara algo tan cotidiano como subir por el ascensor, meter la llave en la puerta de casa o escuchar correr el agua.

Muchas mujeres tienen las dos a la vez. En ese caso es incontinencia de orina mixta.

Pérdidas de orina después del parto: ¿es normal?

El embarazo y el parto son, junto con la edad, la causa más conocida. Durante meses el útero pesa sobre el suelo pélvico. Y en el parto vaginal ese suelo se estira muchísimo; a veces los músculos, los ligamentos o los nervios que lo forman se lesionan. Un parto instrumental (con fórceps o ventosa), un bebé grande o un expulsivo largo pueden aumentar el riesgo.

La cesárea lo reduce, pero no lo elimina. El embarazo, por sí solo, ya supone una carga.

En las primeras semanas tras el parto, algún escape es habitual. El tejido necesita tiempo para recuperarse, y muchas mujeres mejoran en los primeros meses.

Pero en esa frase hay una trampa. El “ya se te pasará” se convierte a veces en no volver a mirarlo nunca. Si pasadas unas semanas las pérdidas siguen ahí, o a los 3 meses no han mejorado, conviene valorarlo. Aunque sean pocas.

¿A qué edad es normal tener pérdidas de orina?

A ninguna.

Lo que sí ocurre es que con los años son más frecuentes. Los músculos pierden fuerza, como en el resto del cuerpo. Y con la llegada de la menopausia baja el estrógeno, la hormona que mantiene elásticos y bien irrigados los tejidos de la vulva, la vagina, la uretra (el conducto por el que sale la orina) y la vejiga. Por eso en esta etapa pueden aparecer más urgencia, más ganas de orinar por la noche y más infecciones de orina. Forma parte del síndrome genitourinario de la menopausia, del que te hablé al contarte sobre la sequedad y el picor vulvar.

Pero también hay mujeres jóvenes y sin embarazos con pérdidas. Deportistas de impacto, por ejemplo: corredoras, jugadoras de volleyball, mujeres que saltan o entrenan con cargas. O mujeres con tos crónica o estreñimiento de años, que empujan su suelo pélvico día tras día. El sobrepeso también suma presión.

La edad puede explicar las pérdidas. No las convierte en algo que haya que aguantar.

Suelo pélvico debilitado: cómo saber si es tu caso

Los escapes al hacer esfuerzos son la señal más clara. Pero no la única.

Hay mujeres que notan una sensación de peso o de bulto en la vagina, sobre todo al final del día. Puede ser un prolapso: un descenso de la vejiga, del útero o del recto porque la hamaca ya no los sujeta igual. Otras notan que les cuesta retener los gases, o que en las relaciones sienten menos que antes.

En consulta empezamos por tu historia: cuándo se escapa, cuánto, desde cuándo, qué has dejado de hacer. Después la exploración, en la que a veces te pido que tosas, que hagas fuerza para fuera o para dentro para ver qué ocurre. Puede ayudar un diario miccional (anotar durante unos días cuándo y cuánto orinas, y cuándo se escapa). Y un análisis de orina para descartar una infección, que puede imitar o empeorar la urgencia. Las pruebas más complejas se reservan para algunos casos.

¿Las pérdidas de orina se curan?

En muchos casos sí, o mejoran tanto que dejan de condicionar la vida. Depende del tipo, de la causa y del tiempo que lleven.

En la de esfuerzo y en la mixta, el primer paso suele ser la rehabilitación del suelo pélvico con una fisioterapeuta especializada. Es el tratamiento con más evidencia, y conviene mantenerlo al menos 3 meses antes de juzgar el resultado. Muchas mujeres creen que ya lo han probado porque hicieron unos ejercicios que leyeron por ahí. Sin nadie que comprobara si estaban contrayendo el músculo correcto. Hay también dispositivos vaginales que ayudan a sostener (los pesarios). Y cuando nada de lo anterior basta, hay cirugía.

En la de urgencia se trabaja con los hábitos y reeducación de la vejiga, y existe medicación que la mejora. En la menopausia, el tratamiento hormonal local puede mejorar los tejidos y, con ellos, la urgencia y las infecciones de repetición.

Lo que no me gusta es que la respuesta que más se nos ofrece sea una compresa cada vez más absorbente. La publicidad nos ha enseñado a disimularlo. No a consultarlo.

Cuándo consultar

Si pasadas unas semanas del parto sigues con pérdidas, o a los 3 meses no han mejorado.

Si las pérdidas te hacen cambiar lo que haces: dejar el deporte, contener la risa, organizar las salidas según dónde hay un baño.

Si tienes ganas urgentes de orinar que no te dejan llegar a tiempo, o te levantas varias veces cada noche a orinar.

Si te escuece al orinar, ves sangre en la orina o tienes fiebre.

Si notas un bulto o una sensación de peso en la vagina.

Si se te escapan gases o heces.

Si pierdes orina de forma continua, sin esfuerzo y sin ganas.

Si te ocurre durante las relaciones sexuales y te está alejando de ellas.

Una vida que se encoge en silencio

Las pérdidas de orina no ponen en peligro tu vida. Pero pueden ir limitándola.

¿Y tú, qué has dejado de hacer por miedo a un escape?

Si te has reconocido en estas líneas, puedo ayudarte a entender qué tipo de pérdidas tienes y por qué, y a decidir juntas por dónde empezar. Te cuento cómo trabajo en la consulta de ginecología, presencial en Donostia u online.

Y si hoy no es el momento, te dejo una puerta más pequeña. Cada semana escribo con mimo un mensaje breve y lo meto en una botella que lanzo al mar: historias sobre el cuerpo, el parto, la menopausia y todo eso que a las mujeres nos han enseñado a callar. Llega a tu orilla los jueves a las 14:45h. Puedes recogerla aquí.